diumenge, 11 de setembre de 2011

11/9/11


Hoy es el noveno 11 del 11. Han pasado los 3 primeros trimestres del 11 del 11. 3 grupos de 3 meses hacen 9. Hoy es el tercer 11 del 11 del tercer grupo de onces del once. Hoy es capicúa de onces. Y al medio 3 veces 3. Y once respecto al nueve no dejará nunca de ser él mismo menos 2, es decir, 11 menos la cifra resultante de sumar 1+1.

Cuando he llegado a casa no tenía conciencia clara de lo que podía haber sucedido, porque nadie tarda siete horas en pasar por la ciudad, hablar con un amigo y sin avisar, retrasarse de forma tan incomprensible. Pero dónde te has metido, Tom? -me ha dicho Heloise... He improvisado, como siempre. Tuve que cambiar la rueda del coche. Pinché, el coche se salió a la cuneta. Resbalé y caí a una zanja intentando cambiar la rueda. Ha sido horrible, cariño… Y porqué no llamaste al seguro?... Por no retrasarme más y preocuparte…  Tom, tú siempre tan atento... Pero la verdad es que no podía recordar lo que había pasado a lo largo de tantas horas, y no podía decírselo. Llevaba el traje lleno de manchas de tierra y hierba aplastada. Los zapatos con restos de barro. Dónde podía haber estado?

Y esta imposibilidad de explicarme a mí mismo lo sucedido me ha hecho pensar en la música. Por una parte, sólo la música es capaz de abstraerme del mundo de forma tan significativa. Siempre he tenido la sensación que la música reordena nuestra percepción del tiempo. Tanto, que lo elimina, lo posee. Sí, la música que es el arte del tiempo es número y medida, sonidos y duraciones precisas que reducen la tiranía del tiempo a una lágrima de doncella, a un suspiro de enamorado. Pero yo no soy músico, ni recuerdo haber estado oyendo música. Qué ha pasado, entonces?

Hubo una llamada. Hubo un hombre extraño con una caja blanca que recordé haber visto en otro lugar. Pero esta vez le seguí. Una casualidad hizo que lo encontrara antes de recoger el coche. Y lo seguí. El crepúsculo excitaba los reflejos crudos sobre el manto de la noche. Y esas luces desoladas como el carmín de una puta, esas luces afiladas como un cuchillo que la mano toma del reflujo de la tarde cayendo olían al cieno del río, tenían el aroma de las madreselvas oxidadas del galpón. Pero esto no lo he vivido. Alguien me contó. Sí, debe ser eso. Alguien me contó. Pero quién. Si no hablo con nadie. Y mis únicos amigos son voces de otro tiempo que me citan para no acudir al encuentro.

Hoy es 3 veces 3 11 del 11. 11 y 3 son números primos. Y los números primos, como los hombres, sólo se dividen por sí mismos y por la unidad que ellos mismos son.

T.R.

2 comentaris:

Concha ha dit...

...más lío,aunque el post ,megusta mucho.beset.Voy a leer el otro.

Lapsus calami ha dit...

Ah, este Tom ya no sabe lo que hace o lo que deja de hacer. Un beso.