dissabte, 17 de setembre de 2011

17/9/11


He vuelto a matar a Dickie. Esta es la segunda vez. Por increíble que parezca sobrevivió en el mar, y desde entonces ha estado buscándome, urdiendo una refinada venganza para cuando me encontrara. Sus llamadas. Sus citas. Sus ausencias. Una tortura premeditada a la que por fin he puesto el punto y final. Lo que menos se podía esperar es que lo reconociera en Chez Vic. ¿Cómo no pensó que soy habitual del local, y que tarde o temprano coincidiríamos? Puede que desconociera esa circunstancia. Ahora, ya no importa. C'est fini.

Pobre Dickie, en el fondo me da lástima. Jamás hubiera pensado que acabaría convirtiéndose en un pervertido. Cuando me echaron del café, tomándome por loco, le seguí. A mí no me iba a engañar. Es cierto que su rostro era distinto y su aspecto más juvenil, pero nada que no pueda hacer un buen cirujano y un poco de deporte. Así, que esperé a que saliera. Tardó un rato, lo que me extrañó. Lo lógico hubiera sido que viniera a por mí. O tal vez quería que me confiara. Ya no importa.

Sólo la mujer de negro hizo que Dickie saliera de su agujero y fuera tras ella. Bajaron por Absinthe hasta la plaza del mercado de la Cabane, y después por Scierie buscaron el río. Es la zona en la que los muelles comienzan a perder su empedrado parisino para dar paso a orillas de hierba y embarcaderos. Aprovechando los últimos metros de adoquinado, la mujer subió a un bote de alquiler. Me extrañó lo poco apropiado de su atuendo para un paseo en barca, pero hace tiempo que abandoné la idea de entender al sexo débil. Dickie advirtió que ella se le escapaba. No habían más botes y tuvo, tuvimos, que acelerar el paso en busca del puente más cercano, porque esta Caronte con blusa negra de moaré y zapatos de fino tacón, sólo pretendía cruzar a la otra orilla, donde un embarcadero rústico la acogió, y donde quedó de pie como cumpliendo un castigo autoimpuesto.

El puente más cercano se hizo esperar. Tuvimos que dar un largo rodeo. Tanto, que por momentos perdíamos de vista a la mujer oculta tras la vegetación y el castigo. Este nuevo Dickie, más alto que el anterior y con mejores piernas, me llevaba con la lengua fuera, pero tan preocupado estaba de la barquera que no advirtió mi presencia. No deja de ser sarcástico que Dickie fuera a cruzar a la otra orilla sin la barca, ahorrándose así el óbolo, pero con las mismas consecuencias. Por un momento, la risa estuvo a punto de delatarme, y de ahogarme.

Y la risa aumentó al cerciorarme que el puente más cercano estaba envuelto en lonas. Nada más ni nada menos que Christo se había cuidado de la mejor escenografía para un crimen. Al cruzar el lienzo, el viento comenzó a agitarse. Las furias se desataban. Qué escena tan shakesperiana nos envolvía. Notaba en mí un ímpetu desconocido. El clímax, el broche final de la tragedia dependía de mí. Y esta vez no fallaría.

Desandamos en la nueva orilla lo caminado anteriormente. Y al llegar a la altura del embarcadero, bajamos por la escalera lateral más cercana. Dickie se emboscó entre la tupida arboleda y las cañas, y se aproximó al máximo donde la mujer comenzaba una especie de ritual extraño moviendo los brazos y como percatada de su llegada. Era tal el ensimismamiento de Dickie y de la mujer de negro que para nada se apercibieron de mí. Le cogí el cuello por detrás entre mis brazos y con un giro rápido, decidido y sostenido se le rompí.

Sólo pudo decir en su último ahogo: ¿Tú? Sabía que me había reconocido, lo sabía. Los amigos siempre se reconocen. Aunque la vida haya cambiado hasta tus ojos. Al fondo sonó el grito de una alimaña. La mujer, asustada, huyó en el bote. Dejé a Dickie en su último sueño, y regresé clandestinamente por donde había venido. Un jabalí cruzó como una exhalación, como alma que lleva el diablo o como un diablo buscado almas. Tal vez lo que oí fuera su canto del cisne.

T.R.

2 comentaris:

Concha ha dit...

la muerte presente,asesinatos dobles qué lío,pero este post me gusta mucho.beset.

Lapsus calami ha dit...

A quién ha matado esta vez Tom? O es Dorian? Un beso.