dissabte, 3 de setembre de 2011

3/9/11


A qué viene tanta sorpresa, doctor?... Tuve un adelanto de su muerte… Si gastó mucho en flores, no me pida compensaciones… Hice algo mejor. Brindé a su salud… Ginebra o caña?... Una cosa llevó a la otra. Un trago?… La duda, ofende. Me quita un peso de encima. Y cómo fue la cosa?... Alguien, que no sé si conozco, le hundió un taco de billar en el cogote… Al menos, no sufrí. Un descabello oportuno y profesional puede ser una bendición. Va de billares?... Va de billares, de aquí la confusión. Y porque alguien, que ya no sé si conozco, me trajo su cédula de identificación... ¿La del escritorcito uruguayo? Ahora, comprendo. Dejé que un tipo me la robara en la estación. La policía la tiene tan oída que dije: mejor me deshago de ella… Y también buscaba billares... Puede. No sé. En la cédula guardaba una nota donde buscar jugadores de billar. Abusó de su confianza. Ese es mi diagnóstico, doctor, qué opina?... Lo firmo…

[De contrabando -ponderó Larsen, alzando la botella… Sí, debe ser, la traen en la balsa… Volví a sentarme detrás del escritorio, nuevamente seguro y capaz de protegerme con la indiferencia, como si Larsen fuera un enfermo. Espere -volví a decir, mientras el otro bebía. Fui hasta el rincón de la vitrina de instrumentos, desconecté el teléfono y regresé a la silla del escritorio. Muy buena. Seca. -dijo Larsen… Sírvase usted mismo….](1) Y cómo llegó a usted?… Ya le dije, alguien que protege a un amigo que él mismo cree ser desnudó el cadáver y cogió esta identificación… Pues me torció la jugada. Estuve y no estuve en los billares. Morí y no morí como un buey…

["Pero él nunca estuvo aquí, nunca me trajo alguna de las mujeres para que la abriera innecesariamente con el espéculo. O podía haber llegado una alguna tarde, en una era anterior a los antibióticos, para pedirme con un retorcido orgullo, de amigo a amigo, que le aplicara la sonda. Y sin embargo, se mueve como si conociera de memoria el consultorio, como si esta visita fuera un calco de muchas noches anteriores"](2)

No andan aburridos en la ciudad. Escuche, doctor, en confianza, ese alguien que conoce y no conoce y que cree ser quien no es, no podría hacer regresar la cédula a los billares?... Le interesa estar muerto, por lo que veo?... Digamos que esa sospecha podría darme un margen de maniobra. Por de pronto aplazaría mi marcha a Marsella.

[El olfato y la intuición de Larsen, puestos al servicio de su destino, lo trajeron de vuelta a París para cumplir el ingenuo desquite de imponer nuevamente su presencia a las calles y a las salas de los negocios públicos de la ciudad odiada. Y lo guiaron después hasta el galpón con lucernarios, goteras y pasto crecido, hasta los enredos de cables eléctricos del astillero](3)

D.G.

(1) El fragmento señalado, como en anteriores ocasiones, es copia casi literal que el doctor Grey realiza de otra obra de Onetti, El Astillero, pág. 82 de la edición de Salvat que este compilador de dietarios apócrifos posee.
(2) Idem, pág. 81
(3) Idem, pág. 22

2 comentaris:

Concha ha dit...

bueno,más lío...mueren y no mueren ,son y no son ...a quién protegen,o porqué se protegen...esperaremos.beset.El post es muy bueno.

Lapsus calami ha dit...

Este Larsen es todo un personaje. No sé qué tipo relación puede tener con todo lo sucedido hasta ahora. Un beso.