dimecres, 7 de setembre de 2011

7/9/11


Cuando las cosas vienen torcidas… Sigue sonando el teléfono. Y nadie parece oírlo. Sólo yo. Por qué no coges el teléfono, cariño?... Qué teléfono? No he oído nada, Tom… Quieren volverme loco? No, Heloise nunca haría eso. Me quiere. Eso creo. Fíate tu. Es cierto que suele sonar cuando ella no está. Cómo sabe el teléfono de su ausencia?. Quién nos espía? Quién me espía? Maldito Dickie Greenleaf, vengas de donde vengas. Del pasado o del ahora. Tendría que haber seguido al desaprensivo del otro día. Y haber acabado con él. Quién va a preocuparse por un vicioso al que alguien le ha ajustado las cuentas? Igual era Dickie. Este Dickie que llama una y otra vez y que queda conmigo para no presentarse, pero envía a espectros que yo elimino creyéndolos él, y son su ausencia. Y vuelvo al lugar del crimen como prescribe la ley criminal y no hay rastro ninguno y nadie viene a por mí. Porque alguien ha borrado los rastros de mi presencia. Ya dudo de existir. Desnuda mis cadáveres. Usa sus ropas. Es mi cómplice en unos asesinatos que él proyecta, que él provoca con sus ausencias, con sus llamadas telefónicas.

Cuando las cosas vienen torcidas te das cuenta de la apabullante mediocridad del hombre, de la inmarcesible bajeza de tantas aspiraciones merecedoras de ser aplastadas dentro de sus cabezas. Quiero descansar, apartarme de ellos, olvidar que me han impuesto su mezquindad. No soporto a los mezquinos, merecen morir. Un final rápido, sin concesiones. Hasta aquí. Punto y final. Ya está bien de ti. No podemos más de ti. Siempre disculpando tu mezquindad con razones que se derrumban apenas dichas. Mentiras que esconden mentiras en un bucle infinito de oprobios, de ofensas a la inteligencia. La mayor bajeza del hombre consiste en razonar la necesidad de su codicia.

Yo quería ser Dickie. Quería verme en el espejo y reconocer a Dickie, no a Tom.  Así, que me hice Dickie. Desnudé aquel cadáver. Usé sus ropas. Copié su firma y sus gestos. Aprendí a pensar como Dickie. En el fondo, Dickie sigue vivo gracias a mí. Aquel cuerpo sobrante era el óbolo impuesto por el Caronte de las realidades. Pero nunca razoné esta transformación como una necesidad del bien común. Tengo mis principios. No soy un monstruo. Busco el difícil equilibrio de los iguales. Y quiero que el espejo devuelva la imagen que yo pienso y no la que él desee. Cuando las cosas vienen torcidas sólo queda una salida: borrar la imagen del fondo.

T.R.

2 comentaris:

Concha ha dit...

creo que es peor el hombre misterioso que se carga a los espectros que vé Tom,que el propio Tom que ya es decir...veremos que pasa!beset.

Lapsus calami ha dit...

Lo que no sé es hasta qué punto Tom sabe de la existencia de Dorian. Un beso.