divendres, 30 de setembre de 2011

30/9/11

porque yo no soy un hombre, ni un poeta, ni una hoja,
pero sí un pulso herido que sonda las cosas del otro lado.
(F.G. Lorca, Poeta en Nueva York)

Dickie, Dickie, ahora comienzo a comprender que nunca acabaré contigo. Todo lo que le quede a mi vida, en esta parte del espejo, será un continuo descolgar el auricular del teléfono, esperando que el pasado se olvide de mí. Qué solo puede llegar a sentirse aquel que sabe imposible de conjurar, la amenaza, confesándose con los demás. Quién puede decirle a Heloise: cariño el amigo americano que asesiné me persigue por París, me llama una y otra vez por teléfono, me cita y no acude, se confunde en otros cuerpos que me obligan al crimen, te besa en el espejo del baño y se ríe de mí, como un virus que yo resisto, pero que poco a poco va aniquilando a los que yo creo contagiados.

Heloise, no estarás contagiada? No, tú no, Heloise, amor mío. Y cuando digo amor mío, me extraño de mi debilidad. ¿Desde cuándo siento? ¿Desde que el miedo comienza a atravesar, con la facilidad que un cuchillo traspasa la piel humana, todas las barreras que hasta ahora he puesto en su contra? Qué cobardes somos los asesinos! Cuánto miedo esconden los crímenes! Miedo a la vida. Miedo al pasado. A lo que alguien nos hizo y otro pagó. A las humillaciones sufridas desde la cuna y que un día decides, desde la cobardía, desde la debilidad, saldar en la piel de otro.

Los hay que se ahogan en alcohol. Los hay amantes del opio, la coca. Los hay que bañan sus manos de sangre. Y sólo el miedo es el que causa la sed, el ansia o la violencia. Sé de lo que hablo. He sentido miedo de ser, de existir. Es profundamente dolorosa la conciencia de existir. Y deseas ser otro. Y aquéllos que se opongan abrirán el manantial de los rencores que llenará, a su vez, el barranco de los deseos donde la riada de los degüellos encuentra su cauce natural.

Habíamos sido llamados a ser los más caros, el producto que todos desearían, el oscuro objeto del deseo. Y sólo conseguimos olvidar tantas frustraciones rompiendo cuellos, desangrando corazones o inundando pulmones cada vez que suena el teléfono.

Tomy, al teléfono… Sí?... Tom, te esperamos, no tardes… Quién es?... Tom, Dorian está preguntando por ti toda la tarde, no le defraudes, necesita que le asesores sobre unas antigüedades, tú entiendes de arte, no?... Pero quién es… Ven con nosotros, te esperamos en la Old Shop, quizás encuentres algo de paz...

T.R.

2 comentaris:

Concha ha dit...

muy bueno el post,cada vez mejor,quién le llama por teléfono...Dickie?Dorian?...¿?

Lapsus calami ha dit...

Gracias. Le llama el pasado, creo. Y ese pasado para él es Dickie. Un beso.