dimecres, 24 d’agost de 2011

24/8/11


Cuando empiezas a creer que los días se suceden sin alteraciones, repitiéndose los unos a los otros como bostezos. Y que esta especie de bucle ominoso se eterniza en las tardes más largas jamás vividas. Cuando parecía claro que los últimos hechos no habían podido encontrar un camino hacia ti, y que todo quedaba al margen de esta casa, de tu pequeño y oscuro mundo. Que a pesar de los pesares, es más que posible se encuentre algún estúpido asesino entre nosotros. Que, en fin, una vez más hemos sabido esconder los pecados mostrando toda su fuerza como acontecimientos. Entonces, se presenta alguien que hasta ahora creías conocer, aunque sólo fuera en parte. Y te cuenta lo que hay a la otra parte del espejo.

Dorian vino a verme. Comenzó otra vez con la historia de que es un tal Tom. Hasta ahí, nada nuevo. Ya no me molesto en tratar de razonarle. Sencillamente le sigo el juego. Pero me cuenta que comienzan a preocuparle o más bien a agobiarle los trabajos que Dorian realiza para evitar que Tom se meta en líos. Y empiezo a perderme.

Qué quieres decir, Tom? ¿Conoces al tal Dorian?-le digo. Desde luego, doctor. Cómo si no iba a saber lo que pasó en los billares. Fue él quien desnudó el cadáver del hombre del panamá amarillo y salió con sus ropas puestas, comprende? -me espetó. A ver Dorian… Tom, doctor, Tom… Bien, Tom. He seguido el caso de los billares por la prensa. En el Miroir de l'Absinthe dicen que el hombre del panamá amarillo salió por su propio pie… Eso creen todos, pero fue Dorian el que, sabedor del peligro que Tom corría dejando el cuerpo con las ropas y los documentos, entró al local de juego y en un despiste de la recepcionista bajó a los billares. Abrió la oficina con el juego de llaves maestras y se puso la ropa del muerto. Aunque aquel hombre era más corpulento, dobló los camales del pantalón hacia dentro. La camisa pasa desapercibida. Y salió con la chaqueta plegada en el brazo izquierdo y volteando el panamá entre las manos.

Bueno, Dori.., perdón, Tom, veo que no es mala teoría la tuya. Tal vez ayudaría al inspector Clouseau, que por lo que me cuentan mis amigos de prefectura no parece tener muchos recursos. Pero, claro, lo primero que te preguntarían, incluso Clouseau lo haría, es cómo demonios se puede enterar Dorian de todo lo que hace Tom? Y sobre todo, qué necesidad tiene ese Tom de matar a nadie, y menos a un señor tocado con un panamá amarillo que lo único que pretende es jugar un rato al billar… Ah, muy fácil. Dorian y Tom no tienen secretos el uno con el otro. Son reflejos mutuos. Como el retrato que nadie quiere hacerle a Dorian y que reflejaría a su vez las huellas de sus actos. ¿Me sigue? Lo del hombre del panamá no deja de ser una apuesta en la ruleta. Tom pensó que venía directamente de su pasado, y decidió eliminar ese recuerdo. Dorian lo único que hizo fue evitar que esos hechos acaben reflejando la imagen de Tom… Bueno, tal vez tengas razón. Pero dime, el tal Dorian entró desnudo al local?... Caramba doctor, hoy le veo un poco espeso. Su ropa la ocultó en la taquilla que Tom tiene en el club. Es socio. Por cierto, me dijo que le enseñara esto… Quién?... Dorian, quién si no…

Y sacó del bolsillo una funda de plástico donde guardaba cuidadosamente unos papeles. Una cédula de identificación y unos clichés de los antiguos. Comprobé, al trasluz de la tarde que caía, el cuerpo abultado y desnudo de un hombre sin rostro. De un sacrificio abrumado por los contrastes hirientes del negativo. Otro reflejo de una realidad que venía a través del tiempo para instalarse en mi casa. Una realidad temida que la cédula confirmó. Lo que aquel cuerpo negro de un blanco me hizo sospechar desde el principio. Era la cédula que Larsen utiliza para ocultar su verdadera identidad.

D.G.

2 comentaris:

Concha ha dit...

personajes con doble personalidad,son unos y quieren ser otros para salvarse,sembrando confusión...Tom - Dorian...Dorian - Tom.bueno a verrrrrrrrrrrr!!!

Lapsus calami ha dit...

Como los espejos, los personajes presentan su otra cara.