dilluns, 29 d’agost de 2011

29/8/11


Definitivamente empiezo a comprender. O eso creo. Hace una tarde asfixiante. El cielo tiene el gris azulado de las cosas impuestas. No hay opción que valga. Cae sobre nosotros y mejor dejarlo estar. Larsen siguió al tipo equivocado al sitio equivocado. Pongamos que siguió al tal Tom. Y pongamos, también, que Dorian no hace otra cosa sino seguir a su vez a ese Tom que él mismo dice ser. Pongamos que los vio entrar en los billares. Y que pasado un tiempo vio salir a Tom.

Decidió, entonces, entrar al local. Se despistó entre las tragaperras, hasta que en un descuido de la recepcionista bajó donde las mesas de billar. Nadie quedaba allí. Y le extrañó. Porque el hombre del panamá -Larsen, supongo- no había salido aún. Vio el taco apoyado en la silla y las bolas sobre la mesa de pool. Pensó en los aseos de la planta superior. Puede que coincidieran en el tiempo su entrada al local y la del supuesto Larsen a los lavabos. Pero ahora no podía subir a comprobarlo y que alguien fijara la atención sobre él. Vio la puerta del fondo, junto a las taquillas. La oficina. Cerrada. Dio unos golpes en la puerta, sin saber el porqué. Nadie contestó. Abrió con inesperada habilidad la cerradura, y entró. El resto, si creo lo que contó Dorian, encaja. ¿Y las fotos? ¿Por qué y quién hace fotos a un cadáver desnudo, que más parece un buey sacrificado, y cómo llegaron a las manos de Dorian?

Sigamos poniendo. Pongamos que Dorian decide suplantar al hombre del panamá. Jugada maestra. Si el cadáver sale andando, cuándo entró el cadáver que allí queda?. Pongamos que Dorian se desnuda y se viste con las ropas del hombre sacrificado. Bien, el individuo del panamá amarillo vuelve a la vida. Dorian descubre, en alguno de los bolsillos, los efectos personales con la cédula de identificación. Ya sabe quién es, o eso cree, aquel cuerpo derrumbado.

Y junto a estos documentos, encuentra también los clichés mostrando el cuerpo... No, imposible. No son fotos polaroid que el tal Tom -supongo, el asesino- pudiera dejar en el acto como morboso reportaje del espectáculo. Además, una cámara polaroid no pasa desapercibida. Las fotos deben haberse hecho con una cámara pequeña, pero de las que apenas ya nadie usa. De las analógicas. Y alguien tuvo que revelar el carrete y entregar los clichés a Dorian. Sólo puede ser ese tal Tom. Quién, si no?... Qué sé realmente de Dorian?... Definitivamente, no acabo de comprender. Miro quedamente el escritorio. Está repleto de cosas inútiles, agradables, tan necesarias. Enciendo un cigarrillo. Intento reordenar mi mente. Alguien llama a la puerta. Quién podrá ser a estas horas?... Larsen!!! Tú?... Quién, si no, doctor? Ya le advertí...

D.G.

2 comentaris:

Concha ha dit...

se empieza a recomponer el rompecabezas,pero en mi cabecita hay tantas preguntas como inútiles respuestas...beset.

Lapsus calami ha dit...

Y en la mía. Estos diarios me están volviendo loco. Un beso.