dissabte, 27 d’agost de 2011

27/8/11


Primero la muchacha vino hacia mí. La lona de la tienda rezumaba la humedad del río. Las gotas, suspendidas aún en la trama del tejido, iban poco a poco juntándose en pequeños regueros. Y me recordaron la primera vez que vi el mercurio. Una plata viva y asombrosa, que caía diseminada en el cristal para iniciar un apresurado viaje de vuelta.

La muchacha era hermosa, pero no puedo recordar el rostro no visto. Quiso hablarme. Espera, le dije una y otra vez. Aún no veo las huellas de quien nos ronda. Espera, ponte a salvo... El tiempo se acaba. Nadie conoce sus nombres… Sus pies desnudos sobre la hierba húmeda y oscura eran más blancos que la nieve. Tuve miedo cuando habló. Cogerás frío de la mañana y a la noche el calor helado arderá en ti… Qué importa…

Se sentó sobre unas tablas abandonadas de la orilla. Buscó en los bolsillos de su falda. Sacó un sobre y lo dejó a un lado. Después con una especie de tiza comenzó a pintar sus labios de un rojo anaranjado, como su cabello. Sólo llegué a ver esos labios. Era todo tan íntimo que desvié la mirada. Cruzó las piernas, y se quedó mirando el río de espaldas a mí. Comprendí mi error y fui hacia ella. Pero tanto y como avanzaba en su pos, ella se alejaba. Como aquel tubo del capitán, por un lado acercaba el horizonte; por el otro, lo distanciaba aún más. Eh, eh!, grité. No te vayas!.

Yo también me senté sobre la hierba. El río dejó de fluir. Cogí un poco de hierba mojada por le rocío y la apreté, entonces comenzó a llover. Qué ciudad es esta donde la lluvia cae sin querer?, pensé. Dejó la blusa tendida entre los juncos. La falda, colgada de las ramas. No había deseo en sus movimientos. Los finos guantes que antes no vi, fueron a parar junto al sobre. Se diseminaba como las gotas de la plata viva y la lluvia que nos envolvía.

Cuanto más tienes, pensé, sientes que nada es tuyo. Y quieres mucho más, esperando creer que no estás tan sólo como el primer día. Eso me dio a entender observar a la muchacha que ahora se había tendido sobre el suelo bajo el aguacero.

Confusamente intenté ponerme a cubierto. La muchacha se alejaba, recuperadas ya sus pertenencias. Otra vez junta toda su plata. El río volvió a contar las horas. Siempre me entristece ver caer la lluvia sobre el agua. Volví a mi tienda, y entonces recordé la voz de aquella muchacha muda.

D.U.

2 comentaris:

Concha ha dit...

esta muchacha está aún viva? o es el reflejo de lo que ya no es?...de todas formas siempre es hermoso lo que dice Dersu.beset.

Lapsus calami ha dit...

Yo diría que Dersú ha tenido un sueño o una visión. Pero como sus creencias son de tipo animista, las toma tan en serio como los hechos de la realidad. Puede que tenga razón. Un beso.